miércoles, 28 de noviembre de 2012

Vigencia del texto Freudiano

Universidad de la Marina Mercante
Facultad de Humanidades

Asignatura: Psicoanálisis I
Trabajo práctico: Vigencia del texto freudiano
Docentes: Dra. Beatriz M. Rodríguez
                   Lic. Gustavo Gaccetta
Alumna: M. Gimena Hernández
Turno: Noche
Año: 2012


Se me plantea en este trabajo el desafío de demostrar la vigencia del texto freudiano. Y puedo afirmar, no sólo que siguen vigentes los textos de Sigmund Freud, sino que, en cierta medida, siguen merodeando, aunque mitigadas, algunas creencias y conductas propias del paradigma de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Trataré de demostrar esta vigencia a partir de aquel texto de Freud, escrito en 1912, conocido como “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”,  en el cual plantea como eje central del texto, la impotencia psíquica del hombre.
Parafraseando a Freud, existen dos corrientes cuya unión asegura una conducta amorosa normal: la tierna y la sensual.
La corriente tierna es la más antigua, proviene de la primera infancia, y se dirige a las personas que integran la familia y a las que tienen a su cargo la crianza del niño. Es decir, los niños eligen como primeros objetos de amor a estas personas y esto ocurre porque las pulsiones sexuales se apuntalan, en primera instancia, en las pulsiones de autoconservación.
Durante la pubertad, se añade la corriente sensual. Aquí tropieza con los obstáculos de la barrera del incesto y exterioriza el afán de hallar lo más pronto posible el paso desde esos objetos, inapropiados en la realidad, hacia otros objetos con los que pueda cumplirse una real vida sexual.
Como expone Beatriz Rodríguez en “Prostitución: del tabú a la banalidad”, la madre –buena, casta, fiel, monógama- es la destinataria del amor tierno; objeto de la corriente sensual son las mujeres del mal: las prostitutas.

(…) la sexualidad femenina se escinde dando lugar a una maternidad sacralizada y venerable, y a un erotismo vil, de modo tal que ninguna mujer puede eludir la construcción de su subjetividad en torno a una de estas representaciones. (Rodríguez, 2011).

Retomando a Freud, el varón dejará a su padre y a su madre y se allegará a su mujer, así quedan conjugadas ternura y sensualidad. Pero si la corriente sensual se fija en objetos incestuosos (la madre o la hermana, por ejemplo), y hay una frustración real que contraríe la nueva elección de objeto y la desvalorice, el resultado será la impotencia.
El desencuentro de las corrientes mencionadas conduce a la impotencia psíquica, la cual consiste en que los órganos ejecutivos de la sexualidad rehúsan el cumplimiento del acto sexual. Pero esa denegación sólo surge cuando se ensaya con ciertas personas, mientras que nunca sucede con otras.
El hombre que sufre de impotencia psíquica, dirá Freud, ha limitado su elección de objeto y la corriente sensual sólo busca objetos que no le recuerden a las personas incestuosas prohibidas:

“Cuando aman no anhelan, y cuando anhelan no pueden amar. Buscan objetos a los que no necesitan amar, a fin de mantener alejada su sensualidad de los objetos amados; y luego, si un rasgo a menudo nimio del objeto elegido para evitar el incesto recuerda al objeto que debía evitarse, sobreviene, (…) esa extraña denegación que es la impotencia psíquica.
Para protegerse de esa perturbación, el principal recurso de que se vale el hombre que se encuentra en esa escisión amorosa consiste en la degradación psíquica del objeto sexual, al par que la sobrestimación que normalmente recae sobre el objeto sexual es reservada para el objeto incestuoso y sus subrogaciones.” (Freud, 1912)

En “Historias de diván”, Gabriel Rolón nos presenta la historia de Mariano, un hombre de 40 años, casado, que mantenía relaciones amorosas con dos mujeres: Débora, su esposa, y Valentina, su amante. A continuación se transcribe un fragmento de una sesión:

-…¿qué es aquello tan fuerte que Valentina le da como para que usted arriesgue todo lo que emocionalmente ha construido en estos años? (…)
-Yo con Valentina puedo tener sexo sin límites (…) puedo tratarla, aunque sea de a ratos, como si fuera una cosa (…) destinada a darme placer (…) pedirle, no sé, que se ponga un portaligas, que se masturbe delante de mí y me permita mirarla (…) que hablemos de la posibilidad de invitar a alguien más a la cama, que tengamos sexo oral… muchas cosas que se imaginará que no puedo pedirle a mi mujer.
-¿Por qué no?, ¿a ella no le gusta?
-¿Y cómo voy a saberlo? Jamás se lo preguntaría. Sería ofenderla (…) Débora es la madre de mis hijos.

Este fragmento nos demuestra que, si bien han pasado cien años desde que Freud escribió esta Segunda Contribución a la Psicología del Amor, en la actualidad sigue habiendo hombres que, como Mariano, han quitado todo contenido erótico a su relación de pareja para armar una familia.

“Casi siempre el hombre se siente limitado en su quehacer sexual por el respeto a la mujer, y sólo desarrolla su potencia plena cuando está frente a un objeto sexual degradado, (…) en sus metas sexuales entran componentes perversos que no osa satisfacer en la mujer respetada. Sólo le es deparado un pleno goce sexual si puede entregarse a la satisfacción sin miramientos, cosa que no se atreve a hacer, por ejemplo, con su educada esposa.” (Freud, 1912)

La doble moral sexual que consiste, en términos de Rodríguez (2011), en que “se prohíbe a la mayoría de las mujeres cualquier forma de sexualidad fuera del matrimonio, tolerándose en cambio entre los varones”, rigió el matrimonio de la Modernidad, el cual fue, “un acuerdo hipócrita plagado de asimetrías: el varón sólo se entregaba a un goce pleno en el vínculo extramarital con un objeto degradado”.
Un siglo después, la moral sexual doble, tal como Freud la llamaba, continúa rigiendo nuestro sistema de creencias y comportamientos, a pesar de aquella supuesta libertad sexual que parecería poseer la mujer actual.

“(…) en la actualidad, la estabilidad conyugal depende –en gran medida- de la aptitud femenina para poner en escena una suerte de erotismo lúdico” (…) El imaginario social ha acuñado una expresión que sintetiza estas virtudes: “Una dama en la sala y una puta en la cama”, a la que ella graciosamente adhiere por sobre todas las otras formas de ser mujer, pues supone que de este modo su marido no buscará fuera del hogar aquello que puede hallar adentro.” (Rodríguez, 2011).

Me gustaría remitirme a una publicidad de la cerveza Brahma, emitida en la televisión argentina en el año 2007.  En la misma, un joven se encuentra paseando con su novia, y en el transcurso de este paseo comienza a fantasear con otras mujeres que, como es de esperar en el mundo televisivo, son jóvenes, bellas y sensuales. Estas mujeres se ofrecen -o se regalan- a él, cantando:

Soy tuya, en casa tengo Brahmas y el kamasutra.
Soy tuya, policía, colegiala, enfermera.
(…)
Somos tuyas, te esperamos todas en las duchas
Soy viuda, heredé una fortuna y es tuya
(…)
Somos tuyas, sabemos lo que a vos te gusta
Soy tuya, hago todo lo que a vos te gusta

Con este ejemplo quiero demostrar que, “el sexo no es aún una práctica llevada a cabo entre semejantes, antes bien continua siendo el ejercicio del dominio de un sujeto sobre otro devenido objeto”. (Rodríguez, 2011).

“Las mujeres pueden, en apariencia, haberse alejado del hogar, de las relaciones vinculares tradicionales, de la posición sumisa en el juego erótico, o de la ficción fetichista de inocencia y fragilidad; pero no han alcanzado aún reivindicación alguna, al menos en el terreno sexual, cualquiera sea su pareja, amante, marido o violador, las mujeres siempre son puestas en situación de sumisión y apremio.” (Rodríguez, 2011).

Quisiera finalizar este trabajo concluyendo, tal como afirmé al principio del mismo, si bien me he centrado únicamente en “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa” (Freud, 1912), que los textos freudianos continúan vigentes hoy en día y son el material sobre el cual muchos otros autores han trabajado, y continúan haciéndolo, para dar luz a nuevas teorías. El libro “Prostitución: Del tabú a la banalidad”, de Beatriz Rodríguez, es un indiscutible ejemplo de esta vigencia freudiana.


Referencias bibliográficas

Freud, Sigmund. [1912] "Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. (Contribuciones a la Psicología del amor, II)". En: Obras Completas. VOL. XI. Buenos Aires. Amorrortu. 1992.

Rodríguez, Beatriz M. Prostitución: del tabú a la banalidad: Mercados del amor. Buenos Aires. Lugar. 2011.

Rolón, Gabriel. "Entre el amor y el deseo, la indecisión (La historia de Mariano)". En: Historias de diván. Buenos Aires. Planeta. 2007.